Bueno, acabo de desbloquear un recuerdo que tenía muy
reprimido y que por alguna razón no podía recordar. De hecho, ¿Saben qué? Se
exactamente la razón por la cuál no quería recordarlo de ninguna forma. Creo
que este recuerdo me hizo mucho daño cuando niño... Se los explicaré.
Cuando era niño había una narración que me gustaba mucho…
se llamaba Platero y yo… comenzaba así:
Platero es pequeño,
peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva
huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos
de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente,
rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo
dulcemente: ¿Platero?, y viene a mí con un trotecillo alegre, que parece que se
ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...
¡Rayos!… La forma tan especial de describir a este burrito
hizo que yo me enamorara de él. Mi imaginación solía ser muy fuerte, y aunque
aún hoy queda un remanente de ella, creo que cuando niño se podría decir que
tenía un 200% si no es que más de lo que tengo hoy. No espero que me
comprendan, muchos adultos pierden esto conforme pasa el tiempo y creo que yo
me quedé como esta ballena que canta en una frecuencia diferente a todas las
demás.
Y se preguntarán… ¿Cuál es el problema con esto? Muy
simple. Esta obra es hermosa, tiene una narrativa muy rica, la poesía es
genial, todo su contenido te envuelve. Me llegué a enamorar de ese burrito,
como si fuera mi propia mascota imaginaria, si yo cerraba los ojos podía
abrazarlo. Podía sentir su pelaje blando y esponjoso. Platero es la causa de
que cuando paso por las carreteras del centro de México y me encuentro con un
borriquito siento nostalgia. Bueno al menos ahora que he desenterrado este
recuerdo lo sé. Aquí les va lo que me resultó tan impactante como para ocultar
este recuerdo en mi subconsciente durante tantos años. Solo lean lo siguiente:
Encontré a Platero
echado en su cama de paja, blandos los ojos y tristes. Fui a él, lo acaricié
hablándole, y quise que se levantara...
El pobre se removió todo bruscamente, y dejó una mano arrodillada... No
podía... Entonces le tendí su mano en el suelo, lo acaricié de nuevo con
ternura, y mandé venir a su médico.
El viejo Darbón, así que lo hubo visto, sumió la enorme boca desdentada hasta
la nuca y meció sobre el pecho la cabeza congestionada, igual que un péndulo.
— Nada bueno, ¿eh?
No sé qué contestó... Que el infeliz se iba... Nada... Que un dolor... Que no
sé qué raíz mala... La tierra, entre la yerba...
Cabe destacar que en este tiempo yo
no leía por mi mismo más que algunos cuentos muy básicos o las caricaturas de
Spiderman y Archie que aparecían en los diarios los fines de semana (Por qué
eran las que traían color). Mi mamá me leía la narrativa de platero y yo de
tiempo en tiempo. Creo que pasaron meses. Meses fantaseando con algún día
abrazar a un burrito como Platero, meses creyendo muy en el fondo en mi
interior que Platero existía y que tenía vida y que en algún lugar del mundo
ahí estaría él porque… pues así de inocentes somos de pequeños. La narrativa
anterior nos ofreció un plot twist muy pesimista; que, si bien ya anticipaba lo
inevitable, un niño aún tiene la fe y la esperanza de que algo tan feo se pueda
remediar con un milagro o algo parecido. Pero esta narrativa no estaba
orientada a complacer los caprichos fantasiosos de un infante. Lo inevitable no
se solucionó. Solo pasó y con él una conexión muy especial que había
desarrollado con el personaje al pasar de los meses.
A mediodía, Platero estaba muerto. La barriguilla de algodón se le había
hinchado como el mundo, y sus patas, rígidas y descoloridas, se elevaban al
cielo. Parecía su pelo rizoso ese pelo de estopa apolillada de las muñecas
viejas, que se cae, al pasarle la mano, en una polvorienta tristeza...
Por la cuadra en silencio, encendiéndose cada vez que pasaba por el rayo de sol
de la ventanilla, revolaba una bella mariposa de tres colores...
No reaccioné al principio, estaba en shock, no
era solo el tan fatídico “Platero estaba muerto” lo que había lastimado mi
mente. Fue el “La barriguilla de algodón se
le había hinchado como el mundo, y sus patas, rígidas y descoloridas, se
elevaban al cielo. Parecía su pelo rizoso ese pelo de estopa apolillada de las
muñecas viejas, que se cae, al pasarle la mano, en una polvorienta tristeza...”
No lloré al instante. Lo hice unos
momentos después. Es difícil asimilar la muerte por primera vez. Para mi no
había sido el ver a la mamá de Bambi morir, ni a Mufasa caer y ser aplastado
por una estampida de antílopes… Ni siquiera la primera muerte en vida real que
pude ver o presenciar me trajo tantos sentimientos como el de ese día en donde
en mi mente, a este ser al que le otorgué vida en mi interior… en mis pensamientos,
sin que yo lo quisiera no solamente le estaba arrancando la vida, si no también
lo estaba visualizando hinchado, rígido, descomponiéndose. Y entonces esa
polvorienta tristeza de la que hablaba el libro… también me invadió a mí.
Sentí una desesperación muy profunda,
también sentí enojo… creo que más bien fue odio… Sí, ahora estoy seguro de que
fue odio. Odié al autor de esta narrativa… lo hice con todas mis fuerzas. Un
niño que aprende que hay muerte también aprende a que hay sentimientos negativos
que te hacen querer gritarle a alguien… “¿Por qué?” Lo único que tenía que
hacer era escribir que él sanaba al final, que nadie hubiese que pasar por la
muerte de un animal tan perfecto, tan amoroso…
Pero no lo hizo.
Lo mató.
Mis sentimientos se redireccionaron
hacia la muerte en sí. Ese día conocí la muerte… y la detesté. Y después tomé
esa memoria y la enterré lo más profundo que pude. No volví a hablar de eso y
eventualmente esta memoria se quedó oculta… hasta el día de hoy.
Muy a pesar de eso me quedó la duda
de que pasaría después de la muerte, podría alguien como platero estar en un lugar
de descanso o simplemente dejaría de existir. Como fuera, la muerte quedó
marcada como algo que no se podía celebrar, al menos yo no lo podía celebrar. Tiempo
después conocí de esta persona que había podido vencer la muerte. Lo recuerdo,
era un libro ilustrado que me solía leer mi mamá. También hablaba de una muerte
y una mucho más trágica que la de Platero. Solo que el autor decidió cambiar el
final. Basta de muerte.
El primer día de la semana, muy de
mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían
preparado, y algunas otras mujeres con ellas.2Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon
junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron:
¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que
ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea,
diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres
pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. Entonces
ellas se acordaron de sus palabras, y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los
once, y a todos los demás. Eran María Magdalena, y Juana, y María madre
de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las
creían. Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro,
vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido.
Se trataba de Jesús. Él había logrado
vencer a la muerte.
Previo a mi periodo de adolescencia Jesús
era muy real y accesible para mí. Es decir, nunca dejé de creer, pero hubo
tiempos en que me aparté demasiado y dejé que mis temores y lo peor de mi tomaran
el manubrio de mi vida. Algo que siempre me apartó mucho de la religión
católica era el hecho de que cuando yo era pequeño le di un lugar a Jesús que
no le había dado a nadie más. Esta persona de la que hablaban tanto en las
misas y que había visto destrozada y puesta en mausoleos o en cruces en los
templos tétricos y solemnes había dejado de ser una imagen para mi y era más
que un amigo, un amigo que con el paso del tiempo fue desapareciendo así como ponía
mis ojos en lo que los adultos llaman realidad y que a fin de cuentas solo es
una mentira más que te saca de la perfección de un mundo progresivamente feliz
y te pone en una posición de odio, penas, rebeldía, lujuria y muerte.
Cuando me integré al mundo real hubo
algo que me intentaron enseñar en la doctrina a la cual asistía para poder
complacer a mi abuela, (quien me dijo que deseaba verme celebrar mi primera
comunión). Jesús está en el cielo, no contigo… con nosotros están las
autoridades de la iglesia, los representantes de Cristo en la tierra. Así es.
Tan duro, tan chafa, tan necesario para poder lograr comer una oblea al
principio de la liturgia … Pfft. Pero comencé a creerlo y eso me produjo
conflicto. Al parecer cuando Dios va menguando en ti eso te deja vacíos y ¿Sabes
que ser los llega a ocupar? ¡La muerte! Es decir, todos morimos y es un proceso
natural y lo que quieras. Pero hay partes de ti que pueden morir antes que el
cuerpo lo haga. Y ya está. Un poco de tiempo antes de cumplir los doce años se
apagó su voz… o más bien se quedó como una voz dormida.
Unos meses después murió mi abuelita.
Unos días antes del día de muertos. La muerte me ganó esa vez. Se llevó algo
muy preciado para mi y obviamente no lo iba a celebrar. Si bien alguna vez celebré
el día de los muertos por ser una tradición muy mexicana ya no lo volví a
hacer. Más bien aborrecí a la muerte aún más. Es decir, por el hecho tan
traumático de haber perdido a mi abuela justo en frente de mí cuando no había
nadie más que nos pudiese ayudar debo admitir que le abrí una puerta a la muerte
y esas semanas le temí como nunca le había temido, no de que me llevara a mí si
no a alguna persona más que yo amara.
No sé, si alguna vez se los había
dicho, pero desde niño he experimentado mi propia muerte en mis sueños. La
primera vez que recuerdo haber muerto en uno de mis sueños fue cuando era muy
niño y por alguna razón muy a menudo tenía sueños en dónde estaba en la guerra,
era un lugar dónde había lagunas y selva y constantemente regresaba a ese
lugar, era impresionante que tan recurrentes eran esos sueños ya que regresaba
al mismo lugar y en ese tiempo yo no veía nada violento ni jugaba videojuegos (No
existía el Call of Duty o algo por el estilo) En ese sueño yo fui alcanzador una
bala, yo estaba en una guerra y uno de los soldados que estaban escondidos
logró dispararme. Esto fue algo muy doloroso y desesperante, pero de repente
dejé de sentir dolor y mi alma salió de mi cuerpo, pude ver a la persona que me
disparó, pero no sentí rencor en contra de él. Supe que esa persona tenía seres
queridos en su casa, en específico una hermana y él solo trataba de sobrevivir
para regresar. En ese momento volé y olvidé todo el dolor, aunque yo sabía que
tenía el recuerdo de toda la gente que me amaba y que yo estaba dejando atrás,
no podía sentir nostalgia, ni tristeza ni duelo ni penas, entonces volé a
través del tiempo y entre a una casa en dónde veían la televisión. Sabía que ya
no seguía en el país en dónde habían dejado mi cuerpo. La televisión era de
esas antiguas que no tenía botones si no unas perillas, no tenía muy buen color
y había gente sentada en un sofá. Ahí pude ver un reportaje de noticias en
donde hablaban de cómo se había acabado la guerra y me sentí feliz. No me
acuerdo de que más pasó. Pero amanecí feliz. ¿Qué clase de niño sueña que muere
y está feliz? Siempre he tenido sueños muy raros.
En fin, regresando a la historia
principal, mi miedo a la muerte pronto se volvió en ira y la ira se volvió
rencor y ese rencor se manifestó de una forma muy oscura y mórbida en mí. Odiaba
todo y a todos. Mi familia comenzó a tener problemas, mis padres se divorciaron
poco después de eso y yo me alejé de todo lo que tenía que ver con Dios, dejé
morir muchas partes en mí, dejé la disciplina marcial que me había ayudado a
superar mis discapacidades psicomotrices que tenía cuando niño, dejé de leer
comics, de echo deseché toda la fantasía, todo esto me volvió una persona muy diferente
cuando entré a la secundaria. Sinceramente si alguien de ustedes me conoció
durante secundaria y los primeros años de prepa les quisiera pedir una
disculpa, estoy consciente de todo el mal que le hice a muchas personas y de
como me comporté y los errores que cometí. No estaba bien. Eso no significa que
ahora lo esté al cien, pero al menos estoy en ese proceso.
De un momento a otro la voz dormida
en mí volvió a hablar y lo hizo en el momento indicado, de la manera indicada. Y
entonces un día me volví a tropezar con este verso que se encontraba en el
libro de Lucas.
Entonces les abrió el
entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está
escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los
muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el
arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde
Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo
enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la
ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.
Es curioso porque, así como leía esto
también escuchaba una canción que me estaba aprendiendo en la guitarra. Y la
letra iba así:
Más amargo
que la muerte
es no poder volverte a ver
Yo no he elegido perderte
hay un vacío que ha violado mi ser
Padre, ¿por qué me has abandonado?
¿Por qué siempre haces tú voluntad?
Es tan cómodo el haberme enviado
y dirigir desde tu pedestal
¿Quién me vende un alma
y me presta esperanza?
Pues es el fin del camino
y no sé a dónde ir
Y entonces la voz dormida regresó.
Yo moría, pero alguna vez conocí a quien
había vencido la muerte.
Isaías 25:8 dice “Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda
lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra;
porque Jehová lo ha dicho.”
Y entonces cierta parte de la canción
se dejó escuchar, así como yo pensaba en Jesús, recordaba a mi salvador.
Spiritu Sanctus ora pronobis.
“Espíritu Santo intercede por
nosotros”
Romanos 8:34 ¿Quién es el
que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que
además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
¡Boom!
Y la música seguía.
Spiritu Sanctus ora pronobis.
“Espíritu Santo intercede por
nosotros”
Juan
11:25-26 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que
cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no
morirá eternamente. ¿Crees esto?
Yo comencé a creer. A mi manera, pero
lo comencé a hacer. No me gustaba el mundo donde vivía ni en lo que me estaba
convirtiendo. Decidí probar, le di rienda suelta a la voz dormida.
Y la muerte siguió visitando de vez
en vez, pero yo tenía algo más grande que aferrarme.
Hace apenas unos días que se desbloqueó
la memoria de la narrativa de platero. Escuchaba una canción cuando de repente
en las opciones que te sugiere youtube apareció una banda que se llamaba “Platero
y yo”.
“Por qué me suena tan familiar esto”.
Oh… es verdad… Platero era el burrito. Oh… rayos, ahora me acuerdo de todo.
Pero ¿Saben qué? Está bien. Pensando
en esto de vuelta, al menos el autor dejó esto al final, algo que a lo mejor
estaba muy pequeño para entender pero que ahora entiendo mejor que nunca:
Platero, tú nos
ves, ¿verdad? ¿Verdad que ves cómo se ríe en paz, clara y fría, el agua de la
noria del huerto; cuál vuelan, en la luz última, las afanosas abejas en torno
del romero verde y malva, rosa y oro por el sol que aún enciende la colina?
Platero, tú nos
ves, ¿verdad?
¿Verdad que ves pasar por la cuesta roja de la Fuente vieja los borriquillos de
las lavanderas, cansados, cojos, tristes en la inmensa pureza que une tierra y
cielo en un solo cristal de esplendor?
Platero, tú nos ves, ¿verdad?
¿Verdad que ves a los niños corriendo arrebatados entre las jaras, que tienen
posadas en sus ramas sus propias flores, liviano enjambre de vagas mariposas
blancas, goteadas de carmín?
Platero, tú nos ves, ¿verdad?
Platero, ¿verdad que tú nos ves? Sí, tú me ves. Y yo creo oír, sí, sí, yo oigo
en el Poniente despejado, endulzando todo el valle de las viñas, tu tierno
rebuzno lastimero...
Yo elijo creer, yo elijo escuchar. Yo
elijo la vida y no la muerte.
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