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Daño y Regeneración (Segunda parte)

Debí haberme vuelto Berserker en unas tres partidas seguidas, ni siquiera tenía mucha estrategia, solo seguía disparando y tirando granadas al enemigo. Y así como lograba hacer respawn regresaba a continuar con las balas y los golpes. Ni siquiera me interesaba hablar con mi equipo, yo solo estaba ahí para despejar mi mente … y vaya que lo estaba logrando.

Hay un doble filo con las redes sociales. La parte buena es que a veces nos podemos enterar de las cosas demasiado pronto y la parte mala… que a veces nos podemos enterar de las cosas demasiado pronto. Unas horas antes de conectarme llegué y encendí mi ordenador como de costumbre.

No pasaron muchos minutos antes de que me enterara de su muerte … y eso dolió, dolió demasiado. Me quebré en el piso, golpeé el piso con mis dos manos y mis lágrimas y mi sudor corrieron.

“No así” Me dije a mi mismo.

La voluntad de Dios es muy extraña y a veces nos cuesta pensar con que propósito pasan las cosas, pero como de costumbre elegí simplemente no aguantarme las ganas de llorar y no cuestionar al creador. A veces el preguntar el porque de las cosas que ya no se pueden deshacer está de más.

Me levanté y fui por agua a la cocina. Ahí volví a sentirme mal, sentí ganas de vomitar, volví a llorar, esta vez mis lágrimas eran de incertidumbre… como que… como que no podía ser cierto. La cosa aquí fue que era cierto. Tan cierto como lo que le había ocurrido a Ludwig unos días antes y tan cierto como que terminar ese día no iba a ser fácil.

Mi compañero de cuarto… Oh, mi compañero de cuarto, siempre tan inoportuno entró en la cocina, en dónde yo apenas podía mantenerme de pie.

“Estás bien” Me preguntó.

“Bien, bien” Le dije.

No era cierto. No me sentía bien, no comprendía nada de lo que estaba sucediendo, solo sabía que estaba sucediendo.

“Es que escuché la palabra funeral en la conversación que tuviste hace un momento y…” se detuvo como si estuviese a punto de decir algo malo.

“En serio estoy bien” “Fue mi… un amigo… él … murió”.

“Lamento escuchar eso” Me dijo
Después de eso no siguió hablando. Se salió de la cocina y no le di más importancia.

Mi comida estaba lista; de hecho, la había puesto en la mesa. Creo que me quedé solo viéndola durante el transcurso de diez minutos. Como si mi comida de un momento a otro fuese a cobrar vida y a ponerse a contestarme todas las preguntas que tenía-
No lo hizo obviamente.
Comencé a comer sin prestarle mucha atención al sabor de la carne, el arroz y los vegetales que me había preparado ese día. En mi computadora sonaba una versión coral de “Go West” de los Pet Shop Boys.

“Gen” le dije a mi sistema operativo. Muéstrame todos los mensajes sin revisar.

“En seguida” Me contestó el sistema operativo.

Me di cuenta de que tenía decenas de correos y mensajes en inbox sin contestar, algunas personas de otras ciudades me preguntaban si era cierto lo que acababa de suceder. Otros correos eran spam y muchos otros eran recordatorios del trabajo. Creo que solo dos o tres eran realmente personales.

Abrí un mensaje al azar. Era de un grupo de trabajo.

“Las listas ¿Quién se quedó con las listas?” Me preguntaba el coordinador.

“Yo fui” Respondí. “Yo me quedé con las listas, pero ya se las mandé a la persona que las tenía que recibir.

Pasaron unos minutos y nadie me respondió después de eso.

Cambié de grupo al grupo de amigos que me preguntaban por el estado de mi hermano.

“Si, lamentablemente es cierto. Él… Albert, ha fallecido, el horario está aún por confirmarse” Les escribí.

¿Alguna vez les ha pasado que prueban un café que está demasiado cargado y les deja un mal sabor de boca? Es decir, hay gente que así le gusta, hay gente de hecho que así lo disfruta más. A mi en lo personal no me gusta… lo detesto, me deja la lengua pastosa y con una sensación de amargura. Así me sentía en ese preciso momento. No tuve que tomar ningún café para sentirme así. Pronto la amargura se transformó en coraje. No me quería sentir triste, al contrario, debería estar feliz de que una persona amada había partido para estar en algún lugar mejor… pero, simplemente no me sentía así. Creo que aún soy demasiado egocentrista e inmaduro. ¿A poco no?

Acabé mi comida y llamé por teléfono. La persona que traté de contactar en realidad no contestó. Uno de mis estudiantes me llamó para avisar que no podría llegar. Estaba bien, lo menos que quería hacer en ese momento era darle clases a alguien. De manera muy calmada continué con mi trabajo. Cosas aburridas, de las cuales no hablaré en este momento.

Repentinamente me llegaron recuerdos. Recuerdos de vida, recuerdos de experiencias que yo había tenido con mi hermano. Recuerdos que me alegraban y algunos otros que dolían porque nunca lo volvería a ver, al menos no en esta vida… ¡Rayos! Cómo pude ser tan estúpido y alejarme de su vida. Hubo cosas que nos dañaron, dijimos cosas, hicimos cosas y al final de cuentas terminamos divididos por un abismo tan grande… las cosas no volvieron a ser igual de ese momento. Me sentía en parte culpable. Me sentía como un idiota, el sentimiento de arrepentimiento… Los recuerdos. Éramos niños, jugábamos con los mismos juguetes, asistíamos a la misma escuela, nuestro amor por la tecnología, por la programación… por la vida misma.

Basta.

Hora de desconectarme de este mundo. Hora de conectarme al reino. Pero esta vez no lo haría con mi equipo. Esta vez quería buscar una forma de desahogar todo lo que estaba sintiendo. Mis lágrimas corrían en ese preciso momento y debía hacer algo con el sentimiento. Tiempo de VR, prendí la consola, me puse el casco y mi mente se apagó en este plano. Cuando abrí los ojos era un luchador colosal, un cuerpo exageradamente musculoso, estamina infinita y mucha furia.

Furia.

Debí haberme vuelto Berserker en unas tres partidas seguidas desde que ingresé y elegí mi skin y mi arma, ni siquiera tenía mucha estrategia, solo seguía disparando y tirando granadas al enemigo. Me moría y volvía a regresar una y otra y otra vez a continuar con las balas y los golpes. Ni siquiera me interesaba hablar con mi equipo, yo solo estaba ahí para despejar mi mente … y vaya que lo estaba logrando. Creo que fue al principio de la segunda partida cuando uno de los jugadores me dijo. Te deseo suerte.

¿Suerte?

Nunca creí en verdad en la suerte. Tenía suficiente munición, no tenía que confiar en la suerte. Faltaba muy poco tiempo para que llevaran el cuerpo a la funeraria y yo me tenía que bañar. En realidad, no necesitaba suerte.

“Gracias”. Le dije. Soy tan educado como un canadiense con las personas que son corteses. En esa partida en particular nuestro tanque era pésimo. Por un momento me olvidé de lo que sentía y decidí apoyarlo un poco. Me subí a la torre más alta y comencé a interceptar a los jugadores del otro equipo.

De repente perdí enfoque. El tanque en realidad era pésimo, me comuniqué con él.

“Necesito heals” respondió.

“Rayos, enfócate en el punto de captura” le dije.

Me di cuenta de que el badge que tenía era dorado. Pero el jugador se veía demasiado nervioso.

“¿No estás acostumbrado a ser tanque verdad?” Le pregunté

“No. Solo juego flanco. Pero necesito experiencia con todos” Me dijo.

“Bien. Solo trata de aguantar, trata de esquivar las balas. Me falta muy poco para desarrollar la suficiente energía para hacer un ataque especial, el payload es prácticamente nuestro.”

“Gracias, por cierto, mi nombre es Hiro”

“Ok Hiro. Mi nombre es Eagle Omega” (Ese es el nombre que uso cuando juego… casi nadie usa su verdadero nombre).

“Tengo trece años Eagle Omega… ¿y tú?”

En ese momento terminé la conversación. No soy muy bueno para el small talk… ni para decir mi edad y ¿Qué rayos? Si yo fuese un padre de familia no le dejaría a un niño de trece años jugar algo así… En fin, estaba terminando la conversación cuando sentí algo como un piquete en uno de mis brazos. Volteé. Había un hombre con un traje de pájaro y un rifle de francotirador en el otro edificio. Se supone que no debía sentir nada dentro del juego. Esta era la primera vez que algo así me ocurría. Me pasé el rifle al otro brazo y comencé a disparar, pero el contrincante solo se escondió, advirtiendo mis disparos.
Volteé a ver como seguía Hiro pero solo alcancé a ver como su cuerpo estallaba por una granada que había arrojado el enemigo.

“¡HIJOS DE ”#$”#$ MATARON A HIRO!!!” Exclamé muy molesto.
“¡Esto no se los perdonaré!” Les grité a través de mi micrófono.

Obviamente yo sabía que Hiro aparecería unos segundos después en el centro de respawn pero aún así me calaba el hecho de que era mi responsabilidad el ayudarlo y me distraje. Pronto me puse los binoculares y apretando una secuencia en la tableta que me cargaba hice caer unos cinco misiles dirigidos, destruyendo todo rastro que estuviese alrededor del enemigo. Cuando los ruidos de las explosiones cesaron salté de mi escondite y fui directamente al punto de captura, en donde esperé a que Hiro regresara. Esa partida la ganamos, pero aún había algo muy peculiar en el hecho de que haya podido sentir algo en un juego en dónde ni el cansancio ni el dolor podía influir en nuestras mentes.

No se en que momento activé a Gen, quien se presentó en ese instante en el lobby de la sala de combates.

“No parece algo grave”. Me dijo.

“¿Cómo pasó?” Le pregunté.

“Tengo todos estos artículos relacionados con el juego en línea y sus peligros”.  Olvídalo.

“Tu mente le da poder a lo que te tomas en serio” Me contestó.

“Ya veo. En fin… Creo que jugaré uno último, gracias Gen” Le dije mientras programaba una nueva partida.

“Espera … Hay una llamada entrante” Me avisó el sistema operativo.

“Denegada” Le contesté.

“No es una llamada que se pueda denegar, se sugiere contestarla inmediatamente”.
Esta vez no me preguntó, simplemente me transfirió la llamada. Obviamente esto lo hizo porque yo la programé para que hiciera esto. Yo me conocía muy bien, odiaba las llamadas telefónicas tanto como detestaba los días soleados, o los catorces de febrero. Pero cuando era una llamada seria debía contestarla sin importar lo mucho que lo detestara.

“Hola” me saluda el holograma como si yo en realidad me encontrara frente a frente. “¿Otra vez jugando ese juego?”

“No”, le dije, mientras cargaba mi arma.

“Me acabo de enterar” Me dijo con una voz muy triste que me llegó hasta el fondo del corazón. Seguido de un silencio incómodo.

“¿Papá lo sabe?” Le pregunté mientras bajaba el arma y me limpiaba el sudor inexistente de mi frente virtual.

“No, no lo sabe, él permanece en reposo en su cuarto” Me dijo muy seria al respecto.

“Ya está en todas las redes sociales, tienen que decírselo antes de que…” Le dije, pero ella me interrumpió.

“Mamá hablará con él. Encontraremos la forma de decírselo”. Al pronunciar estas palabras me pude dar cuenta de cierto tono de preocupación en su voz. Es decir; quién no lo estaría. No es cool perder a un hijo; de hecho, creo que es lo peor que un padre pudiese experimentar. No es el orden correcto de las cosas, se supone que los hijos deberían enterrarlo a uno, no uno debería enterrar a sus hijos. Y la forma en que él había muerto…

“¿Estás segura de que no quieres que yo hable con él? Al menos yo podría”…
“Hermano, sinceramente creo que el verte a ti le produciría el suficiente estrés a mi papá y eso es justo lo que queremos evitar”. Me interrumpió de una forma muy sutil, ella siempre ha sido así, sutil hasta el hueso, aún en tiempos de luto como el que estábamos enfrentando.

“Comprendo Diana”.  Le dije de forma algo cortante, volteé a ver la mira de mi arma e hice un gesto como que iba a disparar… pero no lo hice. El holograma de Diana solo permanecía ahí. Podría jurar que estaba llorando, la verdad eso me era irrelevante por el momento. Me hubiese gustado estar ahí… abrazarla, pero aún no estaba acostumbrado a hablar con las personas a través de hologramas, eso se me había hecho siempre bien chafa. Puse mi arma en su estuche y volteé sonriendo hacia ella.

“Por favor mándales mis saludos a los viejos, dile que los amo, también te amo a ti Diana”. Traté de sonar lo más sincero posible puesto a que no estaba muy acostumbrado a decir esa clase de cosas, pero en realidad quería estar con ellos en ese momento.

“Yo… les diré” Me dijo con palabras entrecortadas, como si tuviese un nudo en la garganta o algo así.

Instantáneamente me acordé de esa frase épica de un personaje del cuál no puedo escribir en este momento, pero que vi en cierta película cuando era muy niño y me produjo mucha risa. “No había sentido este nudo en la garganta desde que comiendo un coctel se me atoró un camarón”. Lo pensé, pero obvio no lo dije.

“Hasta luego” Le contesté. “Espero visitarles pronto cuando papá esté más calmado, en este momento estoy descargando mi furia sobre un grupo de personas, que en su mayoría son niños menores de trece años, universitarios y viejitos que quieren recordar sus años mozos en el ejército”.

Diana sonrió y se despidió de mí. Gen me volvió a poner en línea en el juego y entré al último match del día. Me armé hasta los dientes, municiones, dagas, granadas, una pistola y mi ametralladora. Para ese momento la pequeña molestia que había experimentado en la partida pasada se había reducido a un mínimo cosquilleo en mi hombro. Todo estaba bien, apartando el hecho de que no importaba que tanto trataba de huir de mi realidad, todo lo que hacía me obligaba a pensar en él.

El conteo regresivo comenzó. Música de Scorpions y de Metálica se escuchaba por los pasillos. Los demás jugadores que conformaban el equipo no estaban tan comunicativos el día de hoy… y eso estaba bien. Yo en realidad no buscaba hacer amigos ni hablar con nadie, en parte por eso había tomado la decisión de luchar sin mi equipo de siempre. A cinco segundos de comenzar la partida gasté unos créditos en un cauterizador y luego el sistema me digitalizó hacia mi corcel y cabalgué lo más rápido que me dejó el juego hacia el punto de captura. En dónde salté y comencé a correr. Mi personaje tiene esa habilidad de ganar vida mientras corre, ojalá en la vida real también pudiésemos tener esa habilidad, yo en lo particular no corro mucho y cuando lo hago después de cierta distancia me comienza a doler un costado y si… muchas veces me mareo o me dan ganas de vomitar, pero… este es un juego después de todo ¡Había que disfrutarlo!

Disparé dos ráfagas hacia un flanco enemigo y tiré una de mis granadas al punto de captura justo en el momento en que un tanque enemigo se avecinaba. Naturalmente la granada detonó en el tanque, quien se protegió con su escudo magnético, consiguiéndole suficiente tiempo a nuestro tanque para empujarlo fuera del punto de captura. Esquivé unos disparos, pero uno rebotó en mi chaleco, por lo que me tropecé y terminé en un agujero. Apenas me estaba reincorporando escuché el sonido de metralla hacia arriba y una de las balas me volvió a alcanzar. Saqué una granada y la tiré. Sabía que el enemigo estaba cerca y él ya me había ubicado. Entré por un túnel que me sacó cerca del punto de captura en dónde subí unas escaleras que me introdujeron a un pasillo. En frente de mí estaba el healer del equipo contrario a quién fulminé con un disparo certero a la cabeza. Así como su cuerpo se desintegraba en frente de mí para volverse a regenerar en su base volteé hacia abajo solo para observar como nuestro tanque estaba siendo destruido por el enemigo. Tiré una granada más y comencé a disparar al tanque enemigo, hasta que me di cuenta de que en realidad tenían dos y que mis demás compañeros de equipo ya habían sido aniquilados. Todo empeoró desde ahí. Uno de los jugadores de daño del equipo contrario estaba justo atrás de mí. Después de eso desaparecí, mi conciencia fue llevada de vuelta a nuestra base, el daño logró asesinarme y el enemigo se apoderó del payload. Nada parecía ir bien con esa partida el enemigo parecía jugar bastante bien en equipo y nosotros solo teníamos un tanque. Necesitábamos una estrategia y la necesitábamos rápido ya que el enemigo iba avanzando a paso veloz hacia la meta.

Nuestro tanque les hizo frente y nuestro healer se puso detrás de él, protegiéndose tras su escudo. Yo sabía que el efecto del escudo no duraría demasiado y el daño y el flanco enemigo ya habían puesto su vista en nuestro healer. Nosotros teníamos dos flancos, pero no eran tan buenos como para mantener al enemigo sin protección. Entonces me oculté tras unas cajas que habían arrumbadas y usé mi mira para detectar a uno de sus flancos que se movía a gran velocidad. En el momento en que se dejó de mover para dispararle a uno de nuestros flancos le logré dar un disparo certero en la cabeza y entonces volví a cargar mi arma. Nuestro flanco se encargó del resto. Mi atención entonces se puso en nuestro tanque al que ya se le desvanecía el escudo electromagnético.

“¡Corre!” Le grité al healer, mientras arrojaba una granada al tanque para que pudiese conseguirle unos segundos para que se ocultara, antes de hacerlo el healer me dio suficiente energía que se sintió como si mi cuerpo estuviese segregando adrenalina extra. Corrí hacia abajo del tanque y comencé a dispararle a sus extremidades inferiores, recordando una enseñanza básica que mi maestro de Artes Marciales Mixtas me había dado desde que yo era un adolescente. “Si el enemigo es más grande que tú, dáñale las piernas”. Vaya error, el tanque se destrozó y cayó encima de mí. Otra vez fui a dar de nuevo en el respawn. Desperté mareado encima de mi caballo y sonaba de fondo una de esas canciones genéricas de Guns and Roses que no son muy conocidas. “Bien”. Me dije a mi mismo. “No darán ni un paso más a partir de aquí”. Fui corriendo a la carga y me subí en ella. En realidad, no me había dado cuenta que ya tenía suficiente poder como para realizar mi habilidad especial en contra de ellos, así que esperé a que se dejaran venir e hice caer encima de sus tanques, de su daño y su flanco todo el rigor de los misiles que yo podía activar vía satelital. No tardó mucho en que comenzara la lluvia de fuegos artificiales en ellos. Solo uno de los tanques sobrevivió, el otro fue fulminado por nuestro tanque. Entonces sonreí.

Uno de nuestros flancos se acercó hacia dónde yo estaba y me felicitó, mientras le disparaba al tanque. Entonces su healer se acercó a dónde estábamos y le disparamos al mismo tiempo. Ahora, aquí viene la parte inquietante ya que el healer desintegró nuestras balas, tomó a distancia a nuestro flanco y lo aplastó como si fuera un sándwich… de esos que se aplastan. La sangre me salpicó de una forma dramática, así como si nos encontráramos en una película de Quentin Tarantino. La sangre se desintegró segundos después por el respawn.

“¿Qué eres? ¿Un hacker o un Bot?” Le pregunté molesto. Odiaba a ese tipo de gente. Constantemente me tenía que enfrentar de forma limpia a personas que lograban poner códigos para obtener ventaja en las partidas.
“Soy más que eso, llamaste mi atención en el momento que me obligaste a hacer respawn. Y eso que estaba tratando de jugar limpio”. Me dijo mientras también hacía desaparecer mi arma.
“Suficiente, no importa que tantos hacks tengas, no puedes librarte de los purificadores del sistema y es obvio que tus trampas han quedado en sus registros”. Le contesté ya bastante irritado. Mientras tomaba una granada sin que se diera cuenta.
“¿Me vas a reportar? Eso no funciona conmigo” Me contestó de manera burlona mientras se tocaba la frente con las puntas de sus dedos.

Solo necesitaba un descuido. Le aventé la granada y saqué mi pistola de mano, y mientras explotaba la granada me tiré hacia atrás y comencé a disparar. El contador se detuvo, mientras se acercaban los rivales y el resto de mi equipo. Aproveché para ponerme en comunicación con los purificadores, pero me mandaron a una línea de espera. . . Cuando se disipó el humo el cuerpo del healer no había desaparecido. Estaba ahí… es decir, solo la mitad, su otra mitad estaba regada en todas partes, era algo bastante asqueroso, de hecho. Al acabar el contador nos comenzamos a teletransportar, pero entonces el healer comenzó a regenerarse, sin necesidad de hacer respawn.
El healer me volteó a ver con una mirada de rencor y desdén. El escenario se comenzaba a poner gris como de costumbre mientras nos teletransportábamos. El healer no se teletransportó y comenzó a moverse demasiado rápido hacia dónde yo estaba.

“Haz hecho que esto sea personal” Me dijo, mientras sus ojos irradiaban un tipo de luz eléctrica.

Un portal se abrió atrás de mí. Instintivamente intenté desconectarme del juego pero no pude hacer nada, estaba como paralizado. El healer se detuvo por un momento, y volteó a ver el enorme portal. Aproveché ese momento de confusión y le atiné dos disparos justo en el pecho. El healer corrió y arremetió en mi contra, ambos caímos del otro lado del portal desintegrándonos del juego.

Entonces todo se puso negro.

Poco a poco abrí los ojos y ahí estaba él, sentado en un sillón, no sabía exactamente en dónde estábamos, pero ese lugar me era muy familiar, no le di importancia a eso. Él, mi hermano, estaba vivo… “Wilhelm” – Me dijo. Te he extrañado hermano. De pronto reconocí la sala. Era la sala de nuestros abuelos. Solíamos pasar las vacaciones ahí cuando niños. Ya hace muchas primaveras de eso.
Wilhelm: “Albert tú estás”…
Albert: (Mirando el reloj al fondo de la sala) “Wilhelm, hay algo muy importante que te tengo que decir”.
Wilhelm: “Albert… yo, lo siento… yo”
Albert: “No tienes porque disculparte hermano… Lo importante es que estás aquí… estamos aquí.”
Wilhelm: “Albert, Diana me llamo… Papá…”
Albert: “Lo sé, escucha hay algo muy importante que te tengo que decir Wilhelm”.
Wilhelm: “Hermano… dímelo”.
Albert: “¿A dónde rayos nos has traído?”
Willhelm: “Albert… ¿De qué estás hablando?”
Albert: “¿A dónde rayos nos has traído?”


Fin de la parte 2 (Continuará…)

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