“¿A dónde rayos nos has traído?” Me preguntaba una y otra
vez el healer.
Me levanté poco a poco de dónde estaba tirado, la verdad yo
me encontraba bastante confundido. Es decir, que rayos había sido todo eso de
ver de nuevo a mi hermano. Probablemente un sueño… pero ¡¿Un sueño dentro de un
juego de realidad virtual?! Miré mi entorno, al parecer habíamos salido del
área de juego y pasado inmediatamente a un lugar misterioso parecido a una
bodega, pero con muchas cajas blancas. El lugar era inmenso y en algunas partes
parecía como si alguna vez hubiese sido el prototipo para un mapa de juego pero
que jamás hubiese sido terminado. Incluso tenía árboles que comenzaban como tales
pero que de repente se desvanecían y se podía observar como salían de ellas
bifurcaciones de cables enramados con energía eléctrica y partículas
holográficas. Sea dónde fuese este lugar obviamente no habíamos entrado a causa
de un “glitch” sino que había sido intencional. Al menos esa era mi teoría. El
juego tenía demasiada seguridad como para simplemente haber sido transportados
de un nivel a otro. Sobre todo, porque se podía notar a leguas que este nivel
estaba oculto por alguna razón. De repente volteé a ver al healer. Mi primer
pensamiento fue “Ok, es una persona que ha encontrado la forma de alterar la
programación del juego, lo más probable es que el lo haya hecho”. Solo necesito
que mi barra de vida llegue a cero y posteriormente volveré a encontrarme en el
punto de partida. No obstante, quería respuestas y las iba a encontrar.
“Tú fuiste el que abrió el portal, tú eres el que me debería
estar explicando que fue lo que sucedió.” Le dije al healer, apuntándolo con mi
arma.
“¿De qué hablas? Yo no abrí ese portal, yo solo te quería
eliminar para obtener puntos.” Dijo el Healer mientras volteaba a su alrededor
tratando de comprender en dónde estaba. Entonces continuó hablando.
“…Todo es acerca de los puntos, ya sabes, mientras más
puntos y puedes conseguir mejor armamento, mejor protección. A menos que
compres los cofres, y créeme esos no son tan fáciles de hackear, complejos si,
pero no hay nada imposible en lenguaje de programación; por ejemplo, nada de lo
que digo aquí puede quedar registrado en el juego. Además, para que querría
hackear cofres cuando puedo tener directamente lo que quiero.”
Lo interrumpí.
“Eso ni siquiera tiene sentido; es decir, para que rayos vas
a querer puntos para armamento nuevo, cuando ya hackeaste todo el armamento
posible”.
El healer me volteó a ver, se puso una mano en la frente y
se comenzó a reír de una manera muy sarcástica e irritante, cómo si tuviese
autismo o algo así.
“Es obvio que los puntos de experiencia no los puedes
duplicar, a menos que quieras que la empresa encuentre tu Ward y te ponga una
de esas demandas que te destruyan en vida real… Verás; mis hacks no serán para
siempre. Pero si consigo los suficientes puntos para justificar las
modificaciones que le he hecho al sistema…”
Terminando su frase apenas pude darme una idea de lo que
estaba hablando.
“Entonces el sistema creerá que hiciste todo de manera
Kosher…”
El healer no me respondió, solo sonrió. Y volteó a ver la
enramada de cables. Su sonrisa desapareció rápidamente. Entonces me volteó a
ver y me preguntó. “Bien… y cómo rayos saldremos de este nivel. No tengo todo
el tiempo del mundo. ¿Sabes?
Volteé a verlo a los ojos y le dije “Lo más probable es que
esto sea obra de un purificador, era muy obvio el tipo de códigos que
manifestabas al hackear el juego”
“¿De qué hablas? Mis códigos tienen una tercera protección
que evita que los purificadores puedan detectar de dónde están procediendo. Los
purificadores jamás habrían podido detectar algo así”. Respondió el healer
tocándose el mentón e inspeccionando el techo del lugar… como buscando alguna
salida que le pudiese llevar de vuelta al juego.
“Bueno, si lo hicieron, no quisiera estar muy cerca de ti
para cuando vengan. Así que, con tu permiso, encontraré una salida de este lugar,
hacker”.
“Alto”
El healer se quedó viéndome y procedió a apuntarme con su
arma.
“Ya me cansé de ti insolente, nadie me habla así”
El healer presionó el gatillo una y otra vez…
“¿Qué rayos”
Después de unos segundos, se dio cuenta que en el lugar
dónde estábamos no se podían activar los disparos ya que los códigos que estos
desprendían no eran válidos en el área en dónde estábamos.
“¡Idiota!, ¡me ibas a disparar!”
El healer se quedó observando a su arma por un momento y de
repente reaccionó de una forma muy dramática pero sin pronunciar ninguna
palabra.
¿Qué pasa? … ¿ya te diste cuenta? Ya no seguimos en el
juego.
“¡Desconectar! ¡Desconectar!” Comenzó a clamar el healer. El
resultado fue totalmente inútil y se lo hice saber.
“Es inútil”
Lo ven, se lo hice saber.
El Healer soltó su arma y comenzó a ver a todas partes. De
hecho, podía notar que se encontraba muy alterado. Era normal que se encontrase
así. El dejar de sentir que tienes el control y que estás atrapado es bastante
real para la mente humana, aun tratándose de un juego en línea. Sentí algo de
compasión por él. Algo que no era muy típico en mí. Al menos no en el área de
juego, ni con los humanos. Aunque eso ya no era un área de juego. Era más bien
como el área restringida de una organización gubernamental secreta.
“De la misma forma que entramos debemos salir. Es cuestión
de encontrar de dónde provenía el portal y ver si podemos hacer algo para abrirlo,
quizás alguno de tus códigos nos pueda servir ahí”. Le dije al Healer. Quién
hacía movimientos con sus manos como para tratar de removerse su casco de VR.
Pero era inútil.
De la nada, unas frecuencias binaurales comenzaron a sonar,
no eran como las que había escuchado antes en el juego. Estas ondas siempre
vibraban para crear una especie de pegamento entre lo que estábamos
experimentando en realidad virtual y nuestra percepción sensorial fuera del
juego. Apenas se podría percatar uno de ellas ya que sonaban a frecuencias
bastante bajas… pero estas eran muy audibles y hasta cierto punto relajantes.
“Faltan aproximadamente 10 minutos para que acabe la
partida, ¿crees que lo podamos lograr en tan poco tiempo? El área del lobby
está conectada a la de juego, pero no estoy seguro de poder usar mis códigos
para saltar directamente al lobby, sería más fácil volver a entrar al terreno
de juego”. Exclamó el Healer.
Su semblante se veía bastante cambiado, y al fin estaba
pensando en cooperar. Al menos el Healer ya no representaba un peso más que
cargar. Sin embargo, teníamos muy medido el tiempo.
El healer continuaba repitiendo de vez en vez la palabra
“Desconectar”, cómo si eso fuese a hacer la diferencia”. Obviamente no
cambiaría su situación. Estábamos bien sellados. Al fin llegamos al lugar de
donde habíamos entrado. El healer me hizo saber que las lecturas de energía
eran muy bajas, pero al menos existían y al parecer podría encontrar la forma
de abrir dicho portal de un momento a otro.
Las frecuencias binaurales comenzaron a cambiar, como si
alguien estuviese tocando en octavas muy bajas uno de esos sintetizadores de
los ochentas con ese sonido chicloso de cierra.
Healer: “La energía de este lugar está cambiando muy
abruptamente. No se sí pueda crear un umbral desde aquí. Es decir, podría
intentar. Pero no estoy seguro si regresásemos al juego… eso me preocupa porque
por alguna razón no me puedo despertar. No me puedo desconectar”.
Wilhelm: “Qué más da. Solo nos queda, hacer el experimento”.
Healer: “Nunca me había pasado algo así en un juego en
línea. No sabía que esto fuese posible…”
Wilhelm: “A mi tampoco… esto es… demasiado extraño, me da
naúseas”.
Healer: “Ok
aquí va…”
Wilhelm:
“Listo…”
Healer: “Teóricamente en un par de segundos esto debería…”
El healer no terminó su oración, fuimos interrumpidos por
una onda de energía que nos mandó a volar a los dos, el healer se golpeó con
una de las enramadas y el impacto le arrancó la máscara que tenía puesta. En mi
caso no hubo nada que amortiguara mi caída y di unas cuantas vueltas en el
piso. Me raspé el brazo al caer por dónde había dejado mi arma. Mi brazo
comenzó a sangrar… y me ardía. En este momento podía sentir el dolor. Mi hombro
casi se sale de su lugar y eso me provocó un calambre en el antebrazo, como
pude me levanté y volteé a ver al healer que estaba sangrando de la boca, al
parecer sus labios se habían cortado con sus mismos dientes. El healer comenzó
a balbucear algunas palabras, sorprendido por el dolor que estaba
experimentando en ese preciso momento; es decir, como podría ser posible… es un
juego de realidad virtual no se supone que debamos sentir nada.
Se escuchó un estruendo y de repente pisadas. Levanté la vista
y vi a una creatura inmensa. Era hermosa. Parecía un dragón, pero estaba
cubierto en metal blanco. Sus garras que salían de sus manos y pies eran como
navajas y tenía unas alas que parecían de demonio. Su mirada era penetrante y
la superficie de su rostro parecía ser lisa, pero de su boca sobresalían
diversas hileras de dientes.
Healer gritó con todas sus fuerzas… “Un Destroyer… corre”.
Mis piernas no me obedecían, me quedé como siervo lampareado. El Destroyer se
movió muy rápidamente y me rugió con todas sus fuerzas. Esto parecía una
pesadilla. El healer trató de usar sus poderes de sanidad en si mismo pero no
pareció funcionar, entonces intentó alcanzar su arma. El Destroyer rozó su
brazo con su inmensa y filosa cola que desprendió un latigazo. Este pequeño
roce fue suficiente como para mutilar el brazo del healer, quién dejó escapar
un grito desgarrador y luego se desmayó, su sangre comenzó a salpicar el color
blanco de ese lugar e incluso manchó un extremo de la cola del Destroyer.
“Suficiente” – Se escuchó.
Demasiado tarde el Destroyer me golpeó con su enorme cabeza
y salí volando, caí sobre mi muñeca y sentí mucho dolor, creí habérmela roto.
Mi mano comenzó a temblar y a inflarse. Permanecí en el piso. Un hombre con una
de esas máscaras antiguas de teatro se acercó a mí.
El Destroyer se había detenido. El hombre me picó con algo
como una vara. Con mi mano izquierda intenté apuntarle con mi arma para que
retrocediera. El hombre solo le dio un golpe a mi arma con su vara y esta se
hizo pedazos. Entonces mis ojos se cerraron, lo último que recuerdo fue ver su
máscara acercándose a mí. Después de eso perdí el conocimiento.
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